Buscándote.
Me pasé la noche buscándote un nombre, yo sola, totalmente a oscuras.
Busqué tu nombre por todas partes: en el techo negro de mi habitación, entre las sábanas, bajo la cama, en el baño; incluso entre los fantasmas que vuelven de vez en cuando a tirarme de los dedos de los pies.
Busqué tu nombre también en mi cabeza, en medio de miedos, muebles, reformas y pinturas de pared que no sabemos si pintar.
Pero no encontré un nombre especial que darte, y eso me entristeció mucho. Sólo veo amor, y ese nombre lo puede ver cualquiera, no es especial sólo para ti. Claro que para mí sí que es especial; a lo mejor es que se escribe con “h” de tan especial que es, quien sabe…
La felicidad es completa cuando mi hija de casi tres meses me dedica una sonrisa al verme llegar, cuando intento dormirla a las dos de la mañana y de pronto se encuentran nuestros ojos, y me veo reflejada en su mirada azul y cuando despues de obsequiarme con sus risas se queda dormida en mis brazos. La felicidad es completa en mi casa desde hace casi tres meses. Son las noches sin dormir, la felicidad se esconde en una caja de mini calcetines, en una cocina sin limpiar, en la ropa sin planchar. La felicidad está en los pequeños descubrimientos del día: los extraños ruidos de los bebés, el poder de los Beatles para calmar un llanto, las chupas que brillan en la oscuridad, el registro vocal en aumento de mi hija, la música de meditación para bebés, la analgesia de la teta o el poderoso foulard de porteo. La felicidad llegó a mi casa con el frío en el invierno más cálido que recuerdo. La felicidad se llama Inés y está ahora mismo acurrucada en mi pecho.
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