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Brindando por ti (escrito incompleto)

A menudo pienso en ti, a veces aún me rompo, a veces me descubro a mi misma saltando por encima de tu recuerdo, como para intentar alejarlo, aunque sea por poco tiempo, porque sé que la vida sigue. Porque los que estamos aquí tenemos que avanzar, tenemos que continuar caminando, contra viento y marea. Aún hay muchas cosas que hacer, muchas experiencias que vivir, aún tienen que nacer muchos niños, tenemos que seguir aprendiendo a mirarnos en los espejos.
Ahora las canciones de amor no hablan de amor, hablan de ti y de tu ausencia, de una parte de nuestro corazón que ya no está y que no volverá jamás. Las tradiciones han dejado de ser tradiciones, tendremos que inventar otras nuevas.
Brindemos con este escrito a medio hacer esta noche por ti, tío Luis. 

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Soy egoísta, soy curiosa, soy un artista, funambulista, corredor de fondo, feliz y triste a la vez. Soy un pez en una pecera, una tortuga bajo el sofá, un cuento a medio terminar. Tengo ganas de ti, me muero por tus huesos. Soy un globo inflado con la superficie brillante, a punto de estallar. Escribo en mi móvil al mismo tiempo que camino por la calle, si, y es probable que me choque contigo en cualquier momento un día de estos y que te haga daño. Soy una hoja que cae de un árbol por culpa del viento. Estoy en una esquina bajo mi paraguas verde viéndote pasar. Soy un perro apaleado, un día de verano azul, una noche de tormenta. Un camino de baldosas amarillas, tu escudo, tu lastre, tu colchón. Estoy aquí siempre, bajo la lluvia, soy una estatua de sal, un cruce de miradas.
Mi mente es un collage, está llena de ilusiones que se desvanecen; en ocasiones la llena un vacío polar, frío, cortante; pero otras veces se hincha de emociones y parece que va a explotar. La mente es un misterio para el alma, y el alma es un misterio para mi. Recorro tu espalda con mi dedo y me detengo en el hueco de la clavícula. A veces me gustaría ser muy pequeña para acurrucarme en la palma de tu mano y que sean tus pasos los que me lleven a través de la niebla. Siento tu aliento cómo susurra en mi nuca las palabras del viento, mientras tú das media vuelta y recoges los cristales del suelo. Cierro los ojos y ante mí se abre una vasta extensión de nieve y yerba gris, el cielo se viene contra mi y de pronto estoy cayendo en medio de miles de flores de algodón. Cuando regreso siento cómo me lames las heridas con tu lengua de trapo, y un pájaro se agarra del alféizar de la ventana para no caerse. La chimenea escupe fuego y el corazón cada vez late más deprisa; los músculos se tens...

Dos de la mañana.

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