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Incongruencias

La ceguera de unos, la felicidad de otros, los viajes, los cambios, la espera, la lenta asimilación.
Las veces que nos vimos a solas en el cuarto de la costura, la felicidad de no verte más, de saber que estarás bien, a salvo, protegido.

El tiempo que pasa cada vez más rápido en el reloj de la cocina, las naranjas que se pudren en el frutero.

A veces creo que puedo con todo y me subo a la escalera más alta a cambiar la bombilla más rebelde, pero caigo sin remedio sobre mis rodillas.

Los pasos de puntillas sobre el suelo frío para no despertarte, los árboles que lloran cuando tropiezo y sacuden sus ramas de alegría en mi ventana cuando me río.
La certeza de tenerte, el miedo al vacío, el olor que desprendes a mi lado por las noches y que me trae recuerdos del verano, del mar, del sol que quisimos rescatar en enero. La música que nos atrajo, los libros en el salón, las lágrimas que vertimos los dos a mandíbula batiente.

Un torbellino en mi cabeza, a veces más calmado, a veces con una fuerza que ni yo conozco sacude todo a mi alrededor. Mientras yo sigo andando, caminando, corriendo, nadando, tropezando, volando, volviendo a tropezar, levantándome

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Dos de la mañana.

La felicidad es completa cuando mi hija de casi tres meses me dedica una sonrisa al verme llegar, cuando intento dormirla a las dos de la mañana y de pronto se encuentran nuestros ojos, y me veo reflejada en su mirada azul y cuando despues de obsequiarme con sus risas se queda dormida en mis brazos. La felicidad es completa en mi casa desde hace casi tres meses. Son las noches sin dormir, la felicidad se esconde en una caja de mini calcetines, en una cocina sin limpiar, en la ropa sin planchar.  La felicidad está en los pequeños descubrimientos del día: los extraños ruidos de los bebés, el poder de los Beatles para calmar un llanto, las chupas que brillan en la oscuridad, el registro vocal en aumento de mi hija, la música de meditación para bebés, la analgesia de la teta o el poderoso foulard de porteo.  La felicidad llegó a mi casa con el frío en el invierno más cálido que recuerdo. La felicidad se llama Inés y está ahora mismo acurrucada en mi pecho. 
Soy egoísta, soy curiosa, soy un artista, funambulista, corredor de fondo, feliz y triste a la vez. Soy un pez en una pecera, una tortuga bajo el sofá, un cuento a medio terminar. Tengo ganas de ti, me muero por tus huesos. Soy un globo inflado con la superficie brillante, a punto de estallar. Escribo en mi móvil al mismo tiempo que camino por la calle, si, y es probable que me choque contigo en cualquier momento un día de estos y que te haga daño. Soy una hoja que cae de un árbol por culpa del viento. Estoy en una esquina bajo mi paraguas verde viéndote pasar. Soy un perro apaleado, un día de verano azul, una noche de tormenta. Un camino de baldosas amarillas, tu escudo, tu lastre, tu colchón. Estoy aquí siempre, bajo la lluvia, soy una estatua de sal, un cruce de miradas.

Verdades sobre el embarazo 2

Escribo este post entre toma y toma, más feliz que una perdiz pero sin tiempo para nada. Esta entrada iba a empezar así: " Me apresuro a escribir esta entrada porque me da a mi que Inés está al caer (o #InésIsComing, hastag que el papá creó en instagram, moderno que es). Pues bien, esto llega a su fin y estas son mis reflexiones sobre mi embarazo.  Cap4. Glorioso segundo trimestre."  Esto lo escribí la madrugada del 21 de enero, bueno, pues el día 22 a las 15:26 nacía Inés, así que no he podido centrarme para seguir escribiendo este post. Pero aquí va. Cap4. Glorioso segundo trimestre. La naturaleza es muy sabia, pero mucho, y ha creado para las embarazadas el segundo trimestre. Después de unos agotadores primeros meses, de repente llega la calma, así de golpe. De pronto te sientes estupendamente, con muchísima energía, o por lo menos eso me pasó a mi; el día se me hacía corto para hacer cosas, mi barriga incipiente me resultaba hasta bonita, la piel y el pelo estupendos, vam...